Durante años, la obesidad fue explicada desde una ecuación simplista: comer más de lo que se gasta. Sin embargo, hoy sabemos que esta fórmula no alcanza para describir la complejidad de lo que realmente ocurre en el cuerpo.
Desde el punto de vista fisiopatológico, la obesidad es una enfermedad crónica caracterizada por una profunda desregulación del equilibrio energético, en la que intervienen múltiples sistemas: neuroendocrino, inmunológico, metabólico e incluso psicológico.
Uno de los elementos centrales es el tejido adiposo. Lejos de ser un simple reservorio pasivo de grasa, actúa como un órgano endocrino activo que libera adipocinas, citoquinas inflamatorias y otros mediadores que modifican la sensibilidad a la insulina, la respuesta inmunitaria y la regulación del apetito.
El hipotálamo juega un rol clave como centro integrador de señales periféricas. Hormonas como la leptina, la insulina y el péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) participan en un complejo sistema de retroalimentación para mantener el balance energético. En la obesidad, este sistema sufre un estado de “resistencia” funcional, generando un círculo vicioso: a pesar de los niveles elevados de leptina, el apetito no se inhibe adecuadamente; a pesar de la hiperglucemia, la insulina no actúa eficazmente.
Por otro lado, el tejido adiposo visceral —especialmente en exceso— promueve un estado de inflamación crónica de bajo grado que se ha vinculado a múltiples comorbilidades: diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, hígado graso no alcohólico y ciertos tipos de cáncer.
También se observa una alteración en la flexibilidad metabólica: la capacidad del organismo para alternar entre grasas y glucosa como fuente de energía se ve comprometida, lo que refuerza la tendencia al almacenamiento graso.
Este panorama pone en evidencia que la obesidad no es un problema de voluntad, sino una enfermedad sistémica con raíces biológicas profundas. Su abordaje debe ir más allá de la restricción calórica e incorporar estrategias que actúen sobre el sistema nervioso central, el metabolismo, el estado inflamatorio y la composición corporal de forma integral.
Comprender esta fisiopatología es el primer paso para dejar atrás el estigma y avanzar hacia un enfoque realmente médico y humano del tratamiento de la obesidad.
Dr. José María David Carrizo
MP07175481
Especialista en MFyC
Nutrición humana.

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