Cuando escuchamos hablar de colesterol, solemos pensar en algo negativo. Pero lo cierto es que el colesterol es una molécula fundamental para la vida: forma parte de nuestras células y es necesario para producir hormonas.
Lo importante no es tanto tener “colesterol sí o no”, sino cómo circula en la sangre. Aquí entran en juego dos tipos principales de partículas:
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LDL, el colesterol “malo”: cuando está en exceso, tiende a acumularse en las arterias y favorecer la aterosclerosis, es decir, la formación de placas que aumentan el riesgo de infartos e ictus.
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HDL, el colesterol “bueno”: ayuda a transportar el colesterol sobrante de vuelta al hígado para ser eliminado, actuando como un sistema de limpieza de nuestras arterias.
La obesidad altera este equilibrio. En general, aumenta el LDL, disminuye el HDL y favorece la inflamación crónica, lo que multiplica el riesgo cardiovascular.
Pero hay buenas noticias: perder peso, mejorar la alimentación y practicar actividad física regular reducen el LDL y aumentan el HDL. Estrategias sencillas, como caminar al menos 30 minutos al día, incluir pescado azul y aceite de oliva en la dieta, y reducir los ultraprocesados, tienen un impacto directo en el perfil lipídico.
El colesterol no es el enemigo: es parte de nuestra biología. Pero depende de nuestros hábitos si se convierte en un aliado o en un riesgo para la salud.
Dr. José María David Carrizo
MP07175481
Especialista en MFyC
Nutrición humana.

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